LOS YAMAS DEL YOGA


​Renuncias o emancipaciones. “Antes de controlar la práctica de âsana, controlar al caballo”



Ahimsâ: significa no perjudicar, no hacer ningún tipo de daño a cualquier estructura de vida, tanto humanos como animales y plantas.  Quizá este yama es el más conocido gracias a Gandhí, embajador de este concepto de la no violencia en Occidente y seguido por algunos movimientos a favor de los derechos civiles liderados por Martín Luther King Jr y otros movimientos pacifistas. Gandhí afirmaba en sus comentarios del Bhagavad-Guita, que tras cuarenta años de un continuado esfuerzo por observar plenamente las enseñanzas del GUITA en su propia vida, se había dado cuenta con mucha humildad, de que la perfecta renunciación es imposible sin la perfecta observancia de Ahimsâ, en todas sus formas.

Satya: Aunque a menudo se traduce como no mentir, en realidad el significado es más amplio, pues incluye la dimensión global de ser verdadero y de quitarse todas las apariencias. La verdad en la palabra, no será más que una simple consecuencia. Salir de la mentira deliberada, ya sea hacia los demás o hacia uno mismo, de manera consciente o que tenga como origen la ilusión proveniente de la ignorancia; pues como afirma la profesora de yoga Conchita Morera,  la mentira tiene un papel tranquilizador, tapón extraordinario de las incoherencias humanas.

Asteya: La no apropiación, no robar nada indebidamente o sin necesidad. Podemos entenderlo de maneras diferentes, y todas ellas cabrían dentro de este principio. El no robar los bienes o pertenencias de otros, la posesión de un bien o situación que no corresponde con una necesidad real, como comer demasiado o consumir desmedidamente. Se trata de hacerse consciente de quien se es y de lo que se necesita realmente. "El dominio real de las cosas implica su utilización justa y cuidadosa y, además, el dominio de sí en su empleo" (Sri Aurbindo).


Brahmacharya: Común y erróneamente traducido como castidad, aunque la palabra literalmente dice moverse en Brahma (poder Divino). Se basa en la fusión con el otro, para alcanzar una experiencia de Unidad más allá de lo físico y que se produzca un intercambio absoluto entre ambos. Iyengar considera que acontece así un control de las sensaciones físicas, las fluctuaciones mentales y la contemplación intelectual.

Aparigraha: No posesión que no significa despojarse de todo, sino hacerlo de los juicios de valor que lleva inherente la utilización de un objeto, una facultad o una situación. Desapegarnos y desidentificarnos de aquello que utilizamos y que por ende valoramos, sin que eso conlleve a una descalificación o justifique una falta de reconocimiento hacia lo utilizado (pues eso estaría en contra del resto de yamas). La más sutil y compleja, será la que atribuimos a nuestro cuerpo y a nuestro psiquismo, que fundamentan una actitud orgullosa. 


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