Ashtanga Yoga: YAMAS & NIYAMAS

El Yoga: UNA FILOSOFÍA DE VIDA.

El Yoga se conoce comunmente, como un conjunto de posturas o estiramientos (Âsana), acompasadas con una respiración determinada y controlada (Prāṇāyāma), y con unos beneficios terapéuticos corporales y/o psicológicos (Cendra, 2014). Sin embargo, el Yoga no es un tipo de ejercicio físico, ni una religión, sino más bien una filosofía y una actitud ante la vida.

La definición de los Yoga Sutra según Patañjali (n.d.) es la siguiente:
“Yoga es el cese de las fluctuaciones de la mente”.

De acuerdo a Gandhi, (2011) Krsna en la Bhagavad Gita ofrece distintas definiciones:
“Se conoce como Yoga a la separación del contacto con el dolor” ,
“El Yoga es la destreza en la acción”.

Iyengar (2010) afirma que ,
“El Yoga significa unión. La unión del alma individual con el espíritu Universal es Yoga”
.

Sin embargo, el mismo autor explica que esta es una definición demasiado abstracta para ser entendida y lo resume de la siguiente manera:
“Yoga es la unión del cuerpo con la mente y de la mente con el alma”.

El Astanga Yoga se organiza en 8 pasos o estadios, los cuales se pueden dividir y clasificar a su vez en dos partes: Los Yama y los Niyama (que explicaremos extensamente más adelante) junto con Âsana, Prânâyâma y Pratyâhâra como pasos externos; y los internos, Dhârana, Dhyâna y Samâdhi.

Dejando a parte los dos primeros, las otras seis partes pertenecen a los aspectos técnicos del yoga (Iyengar, 2015).

Âsana, como hemos explicado anteriormente, se refiere a un conjunto de estiramientos corporales manteniendo de forma consciente la posición y coordinados con una respiración o Prânâyâma, que corresponde con el cuarto paso. Pratyâhâra es la separación de la mente de los sentidos o como define Iyengar (2010, pág. 85) “Pratyâhâra es el cultivo y educación de los sentidos de percepción”. Patañjali afirma que en este estadio, la memoria habiendo alcanzado su madurez, pierde su existencia, y la mente, liberada de recuerdos pasados, se vuelve siempre alerta, renovada y sabia (Yoga-Sutras, I.43). Dhârana es concentración y recogimiento, Dhyâna es meditación o estado particular que aparece únicamente cuando se han dado todos los pasos anteriores y Samâdi que es el estado de superconciencia o total expansión de la conciencia (Morata, 2006), el fin último que persigue el yoga, en el que se siente la dicha y unidad en plenitud.

Al mismo tiempo, Iyengar establece tres niveles para el Yoga: externo, interno y profundo o lo que es físico, mental y espiritual. Dentro del primer grupo, los Yama y Niyama constituyen las disciplinas éticas sociales e individuales. Asana, Pranayama y Pratyahara, corresponderían al segundo grupo que conducen a la evolución del individuo, a la comprensión de sí mismo. En el último grupo, Dharana, Dhyana y Samadi son los efectos del Yoga, que proporcionan la experiencia de la visión del alma. (Iyengar, 2010, p. 22).

Pero sin la pulcritud en el compromiso de los dos primeros pasos, Yama y Niyama, el yoga no poseería el mismo sentido, pues principalmente es un sistema de ayuda para que el practicante se vaya despojando de todas sus envolturas y pueda ascender al estado de libertad (Moksa) y felicidad eternas (Ananda).

Los Yama y Niyama podríamos considerarlos como instrumentos de transformación interior (Morera, 2013), como el arte de vivir (Iyengar, 2015) o en definitiva, como los principios filosóficos del Yoga.

En el libro el árbol del Yoga de Iyengar (2010) el autor nos explica que el Yoga es como un árbol. Las raíces serían los Yama pues son la base a partir de las cuales crece y se establece todo lo demás. Los Yama se definen como emancipaciones o dominios sobre el deseo. Son unos principios que deben comprenderse con una reflexión propia sobre el “yo” lo que permite ser el director de la propia vida y de las acciones, por encima de los deseos. Los Niyama corresponderían con el tronco, pues son disciplinas que conllevan accesos hacia la pureza o realidad, tanto exterior como interior de las personas. Debe mantenerse un cuerpo lo más limpio posible pues ello afecta al resto de todos los aspectos de nuestra vida.

“Son condiciones preliminares en la medida en que no son específicas de los yogui. Los Yamas y Niyamas, verdaderos tesoros prácticos, pueden considerarse como principios éticos que son válidos para todos, pero que los yogui respetan estricta y escrupulosamente. No obstante, sólo se alcanza la perfección de estos principios por una práctica constante del Yoga” (Morata, 2006).

YAMAS: Renuncias o emancipaciones. “Antes de controlar la práctica de âsana, controlar al caballo”

Ahimsâ: significa no perjudicar, no hacer ningún tipo de daño a cualquier estructura de vida, tanto humanos como animales y plantas. Respetar en los diferentes planos existentes, que son los pensamientos, las palabras y las acciones. Quizá este yama es el más conocido gracias a Gandhí, embajador de este concepto de la no violencia en Occidente y seguido por algunos movimientos a favor de los derechos civiles liderados por Martín Luther King Jr y otros movimientos pacifistas. Gandhí (2011, pág. 29) afirmaba en sus comentarios del Bhagavad-Guita, que tras cuarenta años de un continuado esfuerzo por observar plenamente las enseñanzas del GUITA en su propia vida, se había dado cuenta con mucha humildad, de que la perfecta renunciación es imposible sin la perfecta observancia de Ahimsâ, en todas sus formas.

Satya: Aunque a menudo se traduce como no mentir, en realidad el significado es más amplio, pues incluye la dimensión global de ser verdadero y de quitarse todas las apariencias. La verdad en la palabra, no será más que una simple consecuencia. Salir de la mentira deliberada, ya sea hacia los demás o hacia uno mismo, de manera consciente o que tenga como origen la ilusión proveniente de la ignorancia; pues como afirma Morera (2013), la mentira tiene un papel tranquilizador, tapón extraordinario de las incoherencias humanas.

Asteya: La no apropiación, no robar nada indebidamente o sin necesidad. Podemos entenderlo de maneras diferentes, y todas ellas cabrían dentro de este principio. El no robar los bienes o pertenencias de otros, la posesión de un bien o situación que no corresponde con una necesidad real, como comer demasiado o consumir desmedidamente. Se trata de que el practicante se haga consciente de quien es y de lo que necesita realmente. El dominio real de las cosas implica su utilización justa y cuidadosa y, además, el dominio de sí en su empleo (Sri Aurbindo).

Brahmacharya: Común y erróneamente traducido como castidad, aunque la palabra literalmente dice moverse en Brahma (poder Divino); por lo que la correcta interpretación, hace referencia al acto sexual iluminado por un sentimiento único de Amor, dejando de lado el resto de emociones o la búsqueda egoísta de satisfacción personal. Se basa en la fusión con el otro, para alcanzar una experiencia de Unidad y comunión más allá de lo físico y que se produzca un intercambio absoluto entre ambos. Iyengar (2010) considera que acontece así un control de las sensaciones físicas, las fluctuaciones mentales y la contemplación intelectual.

Aparigraha: No posesión o pobreza, pero una vez más entendido de forma incorrecta. No significa despojarse de todo, sino hacerlo de los juicios de valor que lleva inherente la utilización de un objeto, una facultad o una situación. Desapegarnos y desidentificarnos de aquello que utilizamos y que por ende valoramos, sin que eso conlleve a una descalificación o justifique una falta de reconocimiento hacia lo utilizado (pues eso estaría en contra del resto de yamas). La más sutil y compleja, será la que atribuimos a nuestro cuerpo y a nuestro psiquismo, que fundamentan una actitud orgullosa. La culminación de este yama, será la plena humildad y la justa apreciación de uno mismo con relación al universo (Morera, 2013).

NIYAMAS: Accesos o procesos de accesos.

Saucha: O pureza, tanto interior como exterior. La exterior comprende el cuerpo, lugar y orientación.

Samtosha: Contentamiento incondicional, sin depender de las circunstancias internas o externas; cuidando en no caer en una actitud beata, sino viviendo en un estado de reconocimiento o de agradecimiento permanente junto con un profundo sentimiento de aspiración.

Tapas: Significa literalmente cocer, y expresa la idea de calor o de un fuego que quema. Se refiere a la austeridad o la renuncia de las cosas indeseables, de manera que ese fuego interior se avive y permita alejarse de todo aquello que pueda apagarlo. Primeramente una renuncia física que nos permita soportar ciertas pruebas; la verbal que consiste en abstenerse de expresarse sin pasión, de forma hiriente o con algún propósito vano. Y por último la austeridad mental, como silencio interior y el rechazo a llenar la mente con entretenimientos para poder concentrarse en el Yo superior. Requiere de un equilibrio entre vivir en la sociedad y mantener un deseo ardiente de depuración.

Svâdhyâya: Es el desarrollo de uno mismo, a través del estudio de textos tradicionales, la puesta en práctica de las enseñanzas, la reflexión profunda, la enseñanza de los conocimientos ya asimilados y la meditación (Morata, 2006. Pág. 383). Sin embargo encontramos que diferentes autores interpretan este conocimiento de sí mismo de manera diferente o al menos ampliada. En yoga se estudia que el cuerpo está compuesto de tres estratos y cinco envolturas, que van desde el cuerpo basto al cuerpo casual y desde la envoltura anatómica a la la envoltura espiritual (Morata, 2006; Iyengar, 2010; Brennan). Algunos autores (Iyengar, 2010; Aurobindo; Brennan; Liso, 2015) indican que el conocimiento de sí mismo pasa por el autoconocimiento de todas estas capas, desde la piel hasta el núcleo del ser, y desde el cuerpo físico hasta el cuerpo energético y espiritual.

Ishvara Pranidhâna: La culminación de todos los Niyama es este último, el abandono a la Divinidad. Emanciparse de uno mismo, olvidarse del querer propio para que la red de opuestos se disuelvan por sí misma y sin necesidad de combatir contra ellos (Morera, 2013). Según Iyengar (2010, pág 75) Ishvara Pranidhâna es cuando, a través de la práctica, se alcanza un estado superior de inteligencia que hace perder la identidad del sí-mismo.

Author: Nereida J.Fuertes

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